Escribir con El Ermitaño

03.09.2026

Hoy me senté a escribir y no salió nada. No porque no tuviera nada para decir, sino porque sentía todo trabado, como detrás de una puerta que no encontraba cómo abrir. Entonces hice lo que muchas veces hago cuando quiero mover la energía: Barajé el mazo.

Salió El Ermitaño. Al principio pensé, ufff qué carta algo oscura, hacia dentro.

Es la carta del retiro, de caminar solo, de alumbrar apenas un paso adelante con la propia linterna.

El Ermitaño es el arquetipo del escritor. Para conectar con la escritura hay que entrar en la cueva, en lo profundo. Pero con paciencia, porque la linterna apunta hacia abajo para dar un paso a la vez, no para mirar todo el camino.

Y así me siento hoy. Prefiero sentarme a leer un libro antes que la pantalla en blanco. Prefiero el silencio antes que sentarme a producir algo. Durante mucho tiempo pensé que era pereza. "Dale, estás procrastinando."

Ahora creo que es otra cosa: un cansancio real de tanto ruido de afuera, de escuchar, de sostener. Y cuando hay tanto ruido afuera no queda espacio para escuchar adentro.

Nos pasa a la mayoría. Confundimos el silencio con estar vacíos, con no tener nada para dar. Y no es así. El silencio también produce, solo que no se ve. Es tiempo bajo tierra, no tiempo perdido. Pero como no rinde nada visible, nos exigimos salir de ahí antes de tiempo. Queremos brillar a la luz del día cuando todavía estamos gestando algo.

La única forma de salir de esto no es forzar la escritura, es entrar en ella de otra manera. Aislarme, aunque sea un rato corto. Apagar todo lo que no sea la hoja y quedarme ahí, sin exigirme nada más que estar presente quince minutos. Si la novela no quiere salir, que salga otra cosa: lo que venga.

No mirar todo el camino de una vez, ni preguntarme cómo termina el capítulo o si esto sirve. Solo alumbrar la frase que sigue. Eso alcanza.

Y si hay un peso que no logro nombrar con mi propia voz, se lo presto a algún personaje. Que cargue mi cansancio un rato, que respire mi duda, que camine con mi misma linterna.


Escribir con El Ermitaño es darse el permiso de entrar en la cueva, de confiar en la luz que tenemos y seguir caminando. Entender que no todo es tiempo de producción, también hay momentos de gestación, en donde las ideas fermentan. Si no reposan no pueden salir con todo su potencial.


✍️ Tips para trabajar la escritura con la carta del Ermitaño:

※ Cuando decidas escribir, aíslate por completo. Apagá el teléfono, cerrá ventanas de internet y quedáte a solas con tu texto. No busques escribir mucho; comprometete a estar ahí mínimo 15 minutos. Si no sale nada de la novela, escribí en una hoja aparte cómo te sentís o lo que te venga a la mente. El Ermitaño avanza paso a paso, con paciencia.

※ Escribí ideas sueltas, como un camino de migajas que puedas ir rellenando en próximas sesiones de escritura. Muchas veces escribir sobre algo anterior es más fácil que enfrentarse a la página en blanco.

※ Usa esa frustración que sentís como material para escribir. Si estás bloqueada en una escena, transmitile tus dudas o el ambiente denso que percibís a alguno de tus personajes. Dejá que ellos carguen con esa energía en el papel.

Si te animaste a usar alguno de estos tips, ¡escribíme y contáme como te fue! 

Y si querés escuchar más sobre este tema te dejo un enlace a uno de los episodios de mi podcast La magia de las cosas. 


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